Esas cepas llevan ahí más de un siglo. Nadie en la familia recuerda haberlas plantado. Siempre estuvieron allí. Desde lo alto de la viña de ‘La Dehesa’, entre vides de mencía centenaria vistiéndose de otoño, veo Villalibre y la procesión de chopos que acompañan el paso del río Sil. Y las montañas. Hasta las últimas luces del día. Atardece en el lugar donde nace el vino que sostengo en mi mano, el Valle del Recunco.

Es la parcela favorita de José David Arias Vidal, con la que hace su único vino, del que ya ha sacado dos añadas. Tal vez no sea la mejor, pero es a la que más cariño tiene. «Nunca falla. Es la que siempre salva la cosecha», me cuenta mientras paseamos por los viñedos familiares, desde la ladera sur de ‘El Torullón’ en Toral de Merayo a la ladera norte de ‘La Dehesa’, ya en Villalibre. Me señala ‘El Teso Rapao’ y ‘El Palomar’, que ya no se ve desde allí. Tienen otra hectárea y media en San Lorenzo, en ‘La Planta’ y ‘Pedregales’, donde este año no han recogido ni un racimo.

Con mencía centenaria

Y es que en este lugar su padre rescató, debajo de zarzales, esas cepas de mencía muy antigua, de más de cien años, plantadas hacia 1910. «Da muy poca producción, pero es de muy buena calidad», destaca José David, que señala que es una mencía diferente a la que se planta ahora, con «uvas muy pequeñitas y muy menudas». Lo mismo ocurre con la garnacha, que también es especial, muy fina.

Precisamente fue sobre todo por su padre José Luis por el que se animó a hacer su vino, por la ilusión de cumplir con uno de sus sueños. Y es que, cuenta, su padre nunca tuvo esa oportunidad porque era cooperativista, siempre había vendido las uvas. Fue hace unos cinco años que vieron que seguir en la cooperativa no tenía futuro y barajaron dos opciones: o dejar las viñas ‘a poulo’ o trabajar de otra manera. Y está claro que optaron por la segunda y salieron de la cooperativa, primero vendiendo uva a bodegas -que aún siguen haciendo con una parte de la producción- y después vinificando ellos mismos y sacando unas pocas botellas de su vino, el Valle del Recunco.

Valle del Recunco

Valle del Recunco 2017 -unas 900 botellas- es un monovarietal cien por cien mencía, toda procedente de ‘La Dehesa’. La añada anterior, la primera, llevaba un 20% de garnacha de esa misma parcela porque «la maduración llegó perfecta y lo vinificamos junto». «En cambio en 2017, con la helada y el adelanto de la maduración, la mencía estaba perfectamente y la garnacha aún estaba verde», explica José David, que avanza que para esta añada 2018 mezclará al 50% mencía de ‘La Dehesa’ -que aporta frescura con su orientación norte- y de ‘El Torullón’ -con más grado en esa vertiente sur-. En esta edición del FED nos presentará su vino más evolucionado y exclusivo: Valle del Recunco 12 meses.

Extracto del articulo de Queen Mencía (Ver artículo Completo)